MIRO: SURREALISMO Y SIMBOLISMO

El artista catalán Joan Miró (1893-1983) presenta una singular paradoja. Es uno de los pintores más conocidos en Catalunya pero también es uno de los más incomprendidos. Sobre su original obra pesan los prejuicios más absurdos que devalúan su aportación artística y su merecido reconocimiento. Aportamos aquí unas claves de interpretación de su obra con la esperanza de erosionar esta tendencia tan negativa y esteril. Miró demostró una gran inclinación por el dibujo desde su infancia. A los catorce años se matriculó en la Escola de Belles Arts de Barcelona. Aunque por la presión paterna, tuvo que compaginar estos estudios con los de Comercio. Sus primeros dibujos plasman de forma realista los paisajes de Tarragona y de Mallorca. Finalizados sus estudios se instaló en un estudio pintando bajo la influencia del fauvismo y del cubismo. Organizó su 1ª exposición individual en 1918 en la galería Dalmau de Barcelona. Entre marzo y junio de 1919 se trasladó a París donde transformó su estilo pictórico.

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MONTAÑERO

Siente el montañero miedo
en medio de la ventisca,
lee su espalda encogida
la ley del despeñadero,
piensa ajenas tentativas
que fueron último intento,
oye gritos de fatiga
implorándole el regreso,
quizás un presentimiento
aconsejando evasivas,
siente la muerte al acecho
espiándole en su mira,
y encomendado a su empeño
continúa su trayecto
sufriendo con maestría;
va avanzando el montañero
entre el sanguinario clima,
subiendo su agotamiento
por un desnivel tan fiero
que las piernas no caminan
y el cuerpo va paralelo
a la vertiente que pisa,
anhelando como premio
a su brutal sufrimiento
equivalente alegría.

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ABUELOS

Bello otoño plateado por los lánguidos destellos del claro sol viajero desterrado del verano; río que ha ido ascendiendo hacia su mar en lo alto de un monte helado llegando convertido en riachuelo.

Cualquier abuelo es el canto que la vida hace en su seno de un tiempo que estando muerto aún respira por sus labios, y en su corazón latiendo aún sobrevive al ocaso; son esos libros abiertos en los que escribió el pasado con el pulso de consenso de su genuino trazo; traen mucho más que los ecos de ese tiempo sin espacio, un pasado que vivieron como piedras en sus lagos, como aves en sus vientos.

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